Pánico nuclear. ¿Oportunismo o precaución? (II)Sergi Simón Quintana | Histórico del BlogCanalProfesional

Pánico nuclear. ¿Oportunismo o precaución? (II)Sergi Simón Quintana

Quizás más de uno ha pensado que decidí dejar de informar sobre el accidente nuclear de Japón por falta de tiempo o por cualquier otro motivo desde que publiqué el anterior post sobre el tema el pasado 15 de marzo. Lo cierto es que el retraso en este segundo ha sido premeditado. El desastre de Fukushima se inició el 11 de marzo de este mismo año. Han pasado dos meses desde el desastre y, desde entonces, los informativos y medios de comunicación escrita han ido disminuyendo la intensidad de la información suministrada sobre el accidente.

El periodo electoral en el que hemos entrado, junto con los datos económicos, la muerte de Bin Laden, el aumento de paro y el desgraciado episodio de Lorca han relegado el accidente de Japón a un tercer o cuarto plano. Nada nuevo bajo el sol. ¿Alguien recuerda que hace apenas 8 meses, concretamente el 4 de octubre de 2010, reventó el dique de una presa de contención de residuos mineros en Hungría liberando más de un millón de metros cúbicos de lodos tóxicos, causando la muerte a más de una decena de personas, anegando varias poblaciones de lodos corrosivos y dejando sus campos estériles por muchos años?

La verdad es que este es un aspecto realmente preocupante. Las noticias son noticia demasiado poco tiempo y la memoria de las personas en relación a sucesos gravísimos parece condenada a ser algo parecido a la carpeta de archivos temporales que todos tenemos en nuestros ordenadores y que periódicamente vamos vaciando para liberar espacio.

Como dijo Michael Crichton, médico, escritor y cineasta, fallecido recientemente y autor de la novela Estado de miedo: “El mayor reto al que se enfrenta la humanidad es discernir entre verdad y mentira, realidad y ficción”.

Pero centrándonos en el accidente y sus consecuencias, el estado actual de la central de Fukushima es el siguiente:

El primer ministro japonés aprobó ayer el plan que Tokyo Electric Power (TEPCO) presentó en abril para solucionar la crisis, y del que se presentará una revisión del mañana, después de que ayer decidieran cambiar el procedimiento para enfriar el reactor 1, ya que la vasija del reactor ha sido perforada por combustible fundido.

El plan original de TEPCO era inundar la vasija del reactor que protege las barras de combustible del núcleo con agua para enfriarlas, pero debido a las perforaciones se teme ahora que el líquido radiactivo se filtre al resto del edificio que aloja la unidad.

Se están realojando o devolviendo a sus casas a más de 80.000 personas. La pesca, la agricultura y la ganadería local tardarán décadas en recuperarse y ya se han descubierto vertidos en el pacífico de alta radioactividad.

En otro orden de cosas, y en relación a los efectos que sobre la salud de las personas y sobre la cadena trófica en general tendrán las fugas de la central, sólo cabe decir que 25 años después del accidente de Chernóbil la comunidad científica todavía no tiene claro los efectos de la radiación en la salud. En su última edición, la reconocida revista médica inglesa The Lancet comprobó que “el mayor riesgo a largo plazo después de la exposición es el cáncer”. Esto se sustenta en un informe de 2008 del Comité Científico de Naciones Unidas sobre los Efectos de la Radiación Atómica (Unscear). Ahí se determinaba que más de 6 mil casos de cáncer de tiroides en jóvenes ucranianos se vinculaban a Chernóbil, aunque sin pruebas concluyentes. En la otra esquina, la organización ecologista Greenpeace sostiene que 93 mil casos de cáncer fueron eventualmente causados por el accidente.

Con esto no pretendo restar importancia a los efectos negativos que seguro tendrá sobre la salud de las personas y el medio ambiente la radioactividad liberada, no obstante, posiblemente nunca seremos capaces de cuantificar y valorar los daños reales que el episodio ha causado y causará. Y esto, en términos de análisis de riesgos implica lo siguiente: al estimarse el riesgo mediante el producto entre la probabilidad de ocurrencia de un hecho no deseado por la magnitud del daño, si no se es capaz de cuantificar el daño y monetizarlo como se debe, ante determinadas probabilidades muy insignificantes, el valor de riesgo que se obtiene puede considerarse erróneamente aceptable y en consecuencia no invertir en las pertinentes medidas preventivas.

Y en este sentido, la última noticia del Gobierno nipón, en la que se pone de manifiesto que tras las investigaciones pertinentes se ha concluido que la central de Fukushima no estaba preparada para resistir un terremoto de la escala que sufrió, pone de manifiesto que en su momento se consideró el riesgo como aceptable por una muy mala valoración de los escenarios consecuenciales.

No obstante, esta misma conclusión ahora ha sido suficiente para ordenar el cierre de otra central nuclear en Japón por estar situada en una zona de alto riesgo sísmico.

La parte positiva de todo esto es que el uso de energías renovables, ya en alza antes del accidente, está siendo una muy potente punta de lanza para toda la política ambiental internacional.

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