No te oigo bien. Te escucho perfectamenteManuel Cuadrado | Histórico del BlogCanalProfesional

No te oigo bien. Te escucho perfectamenteManuel Cuadrado

Me levanté con una infección auditiva que provoca un pequeño efecto secundario: prácticamente me ha dejado sordo.

En el trabajo, por vergüenza, no pedí que me repitiesen las cosas. Total, que he vivido una jornada laboral entera sin apenas oír lo que me estaban diciendo. Creo que nadie se dio cuenta.

Me pasma descubrir que he completado mis tareas y me he relacionado con personas igual que en cualquier otro día.

  • ¿Será porque lo que me contaban era esperable?
  • ¿Será que he logrado empatía, sintonía, telepatía, rutina predecible o interpretación plena del lenguaje no verbal?
  • ¿Será porque paso más tiempo leyendo correos escritos por personas que oyendo hablar a esas mismas personas? (luego dicen que no se lee).

Quizá unos pocos datos arrojen luz al respecto, aunque sean solo estimaciones: en una charla pronunciamos unos 150 vocablos por minuto, pero podríamos escuchar alrededor de 300 palabras durante ese mismo minuto.

¿Significa que estamos preparados para atender a dos personas hablando a la vez?

Más cifras: podemos pensar unos 800 términos por minuto, frente a las 300 de antes. ¿Significa que alrededor de cada palabra escuchada somos capaces de generar 1,5 palabras más?

El cerebro es más rápido que el tímpano (~2,5 veces más) y que la lengua (~3 veces más). Eso es una ventaja competitiva, útil para interpretar lo que dice tu interlocutor incluso antes de que lo formule.

Volvamos a los problemas auditivos: ¿no oír bien mejora la escucha?

Cuando hay distorsiones, procuramos subir el nivel de atención para no perder detalle. Ahí entra en juego el diferencial entre la velocidad del habla y del pensamiento (o de emisión y recepción de palabras). Ese diferencial es tiempo ganado, que el oyente activo puede capitalizar si aplica mecanismos de anticipación, como los que propusieron Nichols y Stevens en su clásico Are You Listening?:

  1. Pronosticar cuál va a ser el próximo elemento del discurso que estás atendiendo. Si eres capaz de preverlo, refuerzas la comprensión y estimulas el aprendizaje. Si en cambio no lo adivinas, detectarás algo inesperado y tu atención se centrará en averiguar por qué fallaste.
  2. Desvelar el andamiaje argumental utilizado por tu interlocutor, que normalmente es un mecano con tres tipos de piezas engarzadas en línea por cada idea expuesta: enunciación – ilustración – valoración. El oyente entrenado va colocando cada parte del discurso en estos cajones, y esa clasificación de los materiales le permite una perspectiva más eficaz del conjunto, y por tanto un mejor entendimiento del contenido.
  3. Resumir mentalmente lo que oyes, en particular aprovechando las pausas del discurso, para destilarlo, reformularlo y anticiparte a montar el cuadro completo de lo que la otra parte intenta exponer.

De modo que tal vez no oír bien ayude a escuchar mejor.

Tengo cita con el otorrino. Me estoy planteando cancelarla.

1 Comentario | Leído 11 veces

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Una respuesta a “No te oigo bien. Te escucho perfectamenteManuel Cuadrado

  1. Manuela dice:

    Es increible la capacidad de nuestro cerebro. No nos paramos a pensar la maquinaria tan perfecta que llevamos incluida de serie hasta que artículos como este desvelan las ventajas de tan solo unos segundos de tiempo pueden ofrecer en una simple conversación.

    Felicidades por la exposición. Ha sido muy útil.

    Saludos.

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