Gestión ambiental y crisisLuis Fructuoso Barea | Histórico del BlogCanalProfesional

Gestión ambiental y crisisLuis Fructuoso Barea

 

Ante una situación de crisis como la que estamos viviendo, existe en muchas empresas con las que estamos en contacto una clara disyuntiva en relación a la gestión ambiental y el mantenimiento o no de su certificación. Realmente, esta disyuntiva es consecuencia de una falta de implantación REAL de dichos sistemas, que en muchos casos van encaminados a obtener “el sello”, ya sea por requerimiento de proveedores, o como una oportunidad de destacar en concursos públicos y similares.

Así, es el momento de que los responsables de medio ambiente (y prevención de riesgos laborales, o calidad en un sentido más amplio) empiecen a defender las bondades de estos sistemas desde un punto de vista, además, puramente económico-financiero.

Debe contarse, además, con un contexto que en la mayoría de casos implica reducciones de personal en áreas “no productivas” como pueden ser medio ambiente, calidad o prevención, y por tanto con la necesidad de optimizar recursos, o defender los ya existentes en clave económica.

Desde un punto de vista ambiental hay que buscar herramientas de control, e indicadores puramente económicos, que sirvan para transformar en euros las ventajas más “etéreas” (perdonad la expresión) de la sostenibilidad, el marketing verde y otras justificaciones clásicas esgrimidas muchas veces ante Dirección.

Porque las empresas que hayan realizado una implantación mínimamente profunda, permeada a todos los niveles de la organización, si analizan seriamente y desde una perspectiva financiera el ratio coste/beneficio, justificarán rápidamente desde un punto de vista puramente económico las ventajas de mantener esta certificación.

En el caso de que la filosofía es la de obtener “el título”, la perspectiva desde la alta Dirección será evaluar si el coste supera al beneficio en el corto plazo, con lo cual la necesidad de realizar este balance es, si cabe, más importante todavía.

Este análisis debe ir más allá de una valoración más o menos seria y directa de aspectos como la reducción de consumo de agua y energía, de costes en la gestión de residuos… que son en primera instancia los más utilizados, y que no siempre van a dar resultados positivos desde el punto de vista puramente económico-financiero, puesto que pueden ser gestionados desde una perspectiva no ambiental.

Así, se deben analizar y valorar económicamente otros aspectos clave, como los derivados de pasivos medioambientales ocultos (calidad del suelo, residuos….), o el riesgo derivado de generar daños sobre el entorno en el marco de la Ley de Responsabilidad Ambiental.

También se pueden buscar oportunidades de gestión que suponen beneficios en la gestión no únicamente ambiental, sino de la seguridad industrial o de la prevención de riesgos laborales, aspectos cada vez más entrelazados.

Una oportunidad más para potenciar y defender una buena gestión ambiental, es buscar en la gestión del riesgo una oportunidad para el mantenimiento y mejora de la implantación de una buena gestión ambiental, certificada o no según los intereses de cada organización. De esta forma, un requisito legal de reciente implantación como la necesidad de realización de análisis de riesgos, se transforma de un requisito más que cumplir en una oportunidad de mejorar la gestión.

Como ejemplo, el beneficio económico de una buena gestión del agua no está en valorar únicamente el ahorro en metros cúbicos e impuestos asociados. Hay que tener en consideración los riesgos derivados de cambios en la política sobre el agua, o en la disponibilidad del recurso, que puedan amenazar el crecimiento de la actividad y por tanto sus cuentas de resultados.

Así, la ponderación económica de todos estos riesgos, en un balance a medio plazo en planes de negocio, tienen un valor mucho más importante que el análisis del corto plazo, en el que va a ser difícil ver las ventajas reales de una buena gestión ambiental,

En todo caso, estas recomendaciones no son posibles sin una implantación real del sistema, que no sea una cruz a soportar únicamente por el departamento (o la persona) responsable de medio ambiente, si no transversalizando y permeando responsabilidades, implicando especialmente al responsable financiero, buscando su lenguaje, hablando de euros y no de Kg de CO2, porque al final, en los tiempos que corren, hay que tenerlo de nuestro lado.

Si no se toman este tipo de medidas, el mantenimiento de los sistemas de gestión se abandonará, o se realizará a última hora, semanas antes de la auditoría, con el fin de pasarla como sea reduciendo costes al máximo, con las consecuencias ambientales y de competitividad que pueden ocasionar si, finalmente, se renuncia a certificaciones

En la actualidad, España sigue siendo uno de los países del mundo con más certificaciones ambientales tipo ISO 14001, por encima de países como Alemania o Francia (con datos de hace unos pocos años), lo que hace reflexionar en cual es el perfil de empresa certificada, si la que cree en una implantación “real“ o la que busca el título, juzguen ustedes.

En esta cuestión, el papel de las empresas certificadoras también es importante, pero lo podemos tratar en otro artículo.

Por suerte o por desgracia, la crisis acabará marcando una tendencia y nos dará las respuesta, pues si no hay una buena implantación no se podrá justificar la viabilidad económica y, por tanto, los sistemas de gestión ambiental “de cartón” irán cayendo y con ellos la competitividad, y aumentando el riesgo para las empresas y para el medio ambiente, puesto que al final, el balance será el que va a mandar por un periodo de tiempo me temo que muy largo….

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