Efectos “adversos” de la incontinencia legislativa en materia de protección ambientalSergi Simón Quintana

Hace unos días tuve ocasión de leer un borrador de Ordenanza Municipal sobre contaminación acústica de un municipio de unos 300.000 habitantes. Al margen de la reducción en los límites establecidos, apenas cinco años antes, del ruido que podía emitirse, hasta valores que con dificultad pueden medirse en el interior de una cueva del Pirineo, lo que despertó mi interés fueron las diferencias, respecto de la Ordenanza vigente, en el régimen sancionador. No sólo se tipificaban nuevos supuestos sancionables hasta la fecha no considerados, sino que la graduación de las sanciones revelaba un excelente ejercicio de imaginación, innovación o como quiera llamársele, por parte de los redactores de dicha normativa.

Dicho derroche de creatividad llegaba al extremo de que, evidenciado que un vehículo sobrepasaba los límites de ruido establecidos para una zona determinada, no sólo sería sancionado el conductor mediante la imposición de una considerable cuantía económica, de la que fácilmente puede deducirse que no cumple los más mínimos principios de proporcionalidad, sino que al margen de requerirle para reparar lo que fuera que produjese en su vehículo tales emisiones sonoras en un periodo de tiempo determinado, igualmente se le sancionaba con la prohibición de conducir en horario nocturno durante 15 días.

Como comprenderá el lector, por más vueltas que le he dado, no alcanzo a comprender como puede ayudar a la protección ambiental que una persona no pueda conducir un vehículo en horario nocturno durante 15 días.

Éste es sólo un ejemplo de lo que sin duda es una práctica en auge por parte de las diferentes administraciones, y en especial los entes locales que, ante la desesperación por exprimir aquellos aspectos fiscalizables (y el medioambiente se presta muy fácilmente a estas prácticas) para paliar en la medida que se pueda la reducción de los desorbitados ingresos que el “boom” de la construcción venía proporcionándoles.

Lo más curioso, a mi entender, es el hecho de que ante la “necesidad” de recaudar, se introduzcan en las normativas aspectos sancionables y medidas de sanción que escapan a todo raciocinio. Quizás en un futuro próximo veamos en alguna ordenanza municipal que por vertidos al sistema de saneamiento que superen los límites establecidos, se podrá ser castigado con un mes de prohibición de beber agua embotellada a todos los trabajadores de la industria infractora.

Des de aquí, con esta primera reflexión, os animo a que busquéis ejemplos de sanciones “curiosas” derivadas de la incontinencia legislativa que la regulación de la protección del medio ambiente nos está proporcionando.

Sería bueno pensar que si toda esa energía creativa, se invirtiera en proponer acciones y soluciones para la inversión y el crecimiento económico quizás estaríamos un poquito más cerca de salir de esta crisis en la que estamos sumidos.

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