¿De qué se ríen?Manuel Cuadrado | Histórico del BlogCanalProfesional

¿De qué se ríen?Manuel Cuadrado

Otra de esas presentaciones con la pantalla llena de imágenes asfixiando a textos asfixiantes. Aparece la ilustración de una diana con flechas, la del apretón de manos, la chica radiante mientras atiende al teléfono… y, por supuesto, grupos de personas en distintas posturas sonriendo en torno a un ordenador.

Fotos de estas hay muchas: dos sentados y uno de pie, alguien teclea mientras otro señala el monitor, de nuevo una chica radiante (¿la misma de antes?) contemplando a su compañero junto a un tercero (pobre) que sigue encandilado con el portátil. Subiendo el tono, hay gestos de verdadera euforia motivada por lo que les muestra el aparato.

Imagenes_de_gente_tipica_en_presentaciones 

Termina la charla y, de camino a mi mesa, veo a colegas trabajando concentrados. Observo caras serias pero satisfechas. Parece que disfrutan con lo que hacen, aunque eso no se traduzca en expresiones de dientes perfectos, bailes al ritmo de lipdubs o saltos entusiastas con la corbata al aire.

Sin embargo, descubro a un grupo que se carcajea mirando un monitor. Es una escena como las fotos de la presentación. Me acerco y compruebo que están con el último vídeo graciosísimo que circula por Internet. Es bueno, de verdad.

La escena se repite más allá: caras risueñas rodeando a la máquina. Lo que miran son las fotos de un sobrino recién nacido. A lo lejos salta una eufórica de brazos en alto: ha vuelto a ver el gol de su equipo en el partido de ayer.

Ninguno está mirando gráficas o informes cuando manifiestan ese contento.

Ninguno manifiesta ese contento cuando ataca su tarea con profesionalidad y eficacia.

Ocho horas de trabajo dan para mucho. Es muy recomendable divertirse socializando, compartiendo, celebrando. El ambiente mejora y hace más eficiente la vuelta a la faena. Ojalá no falten nunca las caras contentas. En serio.

Y la próxima vez que te suelten una presentación con esos animados oficinistas, alégrate de saber que los motivos para sonreír ante un ordenador, en la vida real, son por completo ajenos a los que pretendía ilustrar quien puso las dichosas fotos asfixiando un texto asfixiante.

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