Cariño, he agrandado a nuestra empresaManuel Cuadrado | Histórico del BlogCanalProfesional

Cariño, he agrandado a nuestra empresaManuel Cuadrado

[¿Qué le pasa a una empresa cuando crece?]

Como las personas, las organizaciones nacen, crecen, evolucionan, hacen alianzas, pueden reproducirse… y antes o después mueren, para quedar en la memoria feliz o nefasta de sus deudos.

La infancia es el periodo de aprendizaje y experimentación despreocupada, pero llega la adolescencia y toca sufrir modificaciones dramáticas (adolecer es sufrir). Se trata de un tránsito necesario y crucial para la madurez. Sin embargo también es una fase traumática, que puede necesitar tratamiento
Estos son los síntomas que principales percibe una persona o una empresa:

  • El cuerpo crece, cambia y ya no sabe manejarlo como antes.
  • Tiene miedos inconfesables acerca de su futuro.
  • Aumenta su sensibilidad a los éxitos o fracasos, pero ansía probar lo nuevo.
  • Su sistema de valores puede tambalearse.
  • La actividad social es lo más importante, más que el núcleo familiar al que estaba acostumbrado.
  • Se diluye la figura de la autoridad directa.
  • El aprendizaje conseguido en esta época podría marcar toda la carrera, pero precisamente se le concede menos importancia. Hay prisa por crecer.
  • Echa de menos divertirse como antes. Todo parece más formal y exigente.

Si una empresa en auge y con las hormonas revoloteando se reconoce en ese retrato, puede hacer varias cosas que le ayuden a desembocar en saludable madurez. Aquí viene la receta para un tratamiento eficaz:

  • Reforzar su identidad y componente social: somos personas, no números. Organizar eventos extraordinarios, oportunidades para dar un reconocimiento cotidiano, tanto individual como colectivo. Toca buscar ocasiones para socializar y divertirse (en la sala de café, afterwork, pequeñas sorpresas). Buen momento para recopilar y construir el relato de la empresa (las técnicas de storytelling ayudan aquí).
  • Reforzar una información corporativa que despeje inquietudes: qué somos, en qué vamos a convertirnos y por qué. Al crecer, ya no podemos contarnos todas las cosas directamente. Hay que asumirlo y canalizarlo a tiempo.
  • Reforzar la cercanía con y entre las distintas escalas jerárquicas, que están y acompañan activamente.
  • Reforzar sus valores corporativos para vivirlos, no meramente para declararlos. Es el momento en que se puede perder la esencia especial de los fundadores, y no tiene por qué ser así.
  • Reforzar procedimientos que antes eran innecesarios, pero diseñándolos y comunicándolos con la máxima simplicidad, para que se perciban como justificados y se acojan positivamente.
  • Reforzar como nunca el talento: formación, desarrollo, competitividad, cooperación, gestión del desempeño… y sucesión (pero ¿tan pronto? ― Sí. Ya mismo).

Ante semejantes líneas de cuidado a la delicada adolescencia, cobra especial significado la comunicación. De hecho, quizá sea precisamente durante ese tránsito cuando se debe instituir la función comunicadora dentro de la compañía, pues entonces se tiene la mejor oportunidad de acompañar hacia la madurez (una organización utópica ideal y absolutamente madura no necesitaría un departamento de comunicación interna como tal).

En fin. Puede resultar paradójico proponer tratamientos para empresas que crecen precisamente ahora, con la que está cayendo; pero con el tiempo esos cambios terminan llegando y esos tiempos terminan cambiando. Conviene estar preparados.

Suficiente por hoy. Dejemos para otro día las fases de emparejamiento, reproducción, muerte, duelo y ¿reencarnación?

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